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Magisterio sobre amor, matrimonio y familia <br /> <b>Warning</b>: Undefined variable $titulo in <b>/var/www/vhosts/enchiridionfamiliae.com/httpdocs/cabecera.php</b> on line <b>29</b><br />
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[1211] • JUAN PABLO II (1978-2005) • DIFICULTADES INHERENTES A LOS MATRIMONIOS MIXTOS

Del Discurso Het is voor, a los representantes de las diversas Confesiones Cristianas en el Paushuize de Utrecht (Holanda), 13 mayo 1985

1985 05 13 0005

5. Os habéis referido en primer término a los cristianos de diferentes comunidades que han contraído matrimonio cristiano. Es vital recordar ante todo que, cuando su matrimonio es debidamente celebrado es, según la enseñanza católica, sacramental y por lo tanto un verdadero reflejo del amor de Cristo por su Esposa, la Iglesia. Es entonces una realidad santa y bendita, un signo de la presencia de Cristo en la Iglesia y en el mundo. Tales parejas están llamadas a ser “artífices de unidad” (Evangelii nuntiandi, 71). Como todos los constructores de unidad deben primero reconocer las dificultades. En los matrimonios mixtos estas dificultades nacen de las diferencias en la fe que profesan como miembros de las iglesias y comunidades eclesiales separadas unas de otras. Pero, como tuve ocasión de decir a esas parejas en Inglaterra hace tres años: “Vivís en vuestro matrimonio las esperanzas y dificultades del camino hacia la unidad cristiana. Manifestad esa espera en la oración común, en la unidad del amor. Invitad a vuestros corazones y a vuestros hogares al Espíritu Santo de amor. Él os ayudará a crecer en la confianza y en la comprensión” (Homilía en York, 31 de mayo de 1982; L’Osservatore Romano. Edición en Lengua Española, 6 de junio de 1982, pág. 17).

Debemos sin duda tener una honda preocupación pastoral por las especiales necesidades de esas familias. Como habéis dicho, las parejas unidas en un matrimonio mixto a menudo pierden el contacto con sus Iglesias. Es esta preocupación la que lleva a la Iglesia católica a requerir de la parte católica ciertas seguridades acerca de la disponibilidad de él o de ella para hacer, dentro de la unidad del matrimonio, todo cuanto sea posible para vivir su fe lealmente y transmitirla con fidelidad. La parte católica está llamada a ser leal hasta la tradición de la fe de él o de ella, a vivirla y transmitirla. Una tarea que es muy seria y de ninguna manera fácil. Quienes piensan contraer un matrimonio mixto deberían atender con cuidado a su carácter específico con todas las posibilidades y dificultades inherentes.

La preocupación pastoral fue el motivo de la revisión de la disciplina, promulgada por el Papa Pablo VI en Matrimonia mixta, el año 1970, y reiterada ahora en sus líneas fundamentales en el nuevo Código de Derecho Canónico. El Papa Pablo VI hablaba con realismo y candor evangélico de las dificultades inherentes a los matrimonios mixtos y de que una solución completa es sólo posible cuando la unidad cristiana sea restablecida. Hablaba también de la necesidad, para los Pastores católicos, de establecer relaciones de sincera apertura y confianza bien in formada con los ministros de otras comunidades religiosas con miras a brindar asistencia a esas parejas (cfr. n. 14). En esta labor, también las comunidades locales pueden participar, no sólo en el importante período de preparación, sino además en aquellos decisivos años primeros de vida matrimonial cuando los miembros de la pareja se descubren más plenamente uno al otro y crecen juntos en una fe viva que es capaz de expresar, no simplemente un mínimo aceptado por ambos, sino un real aprecio por todo aquello que cada uno puede valorar en las tradiciones y prácticas espirituales del otro. Ruego por estas parejas para que puedan dar una contribución valiosa a la obra de reconciliación. Ruego también por los Pastores, comunidades y asociaciones que procuran brindar la atención pastoral y el apoyo que ellas tienen derecho a esperar.

[DP (1985), 142]